Decíamos ayer...

Comienzo este retorno con aquellas palabras adjudicadas a Fray Luis de León tras volver a su cátedra salmantina después de un largo periplo por la cárcel por malentendidos teológicos, aunque los historiadores dudan de que la anécdota sea cierta. Miguel de Unamuno sí las empleó, en recuerdo seguramente de Fray Luis, cuando fue restituido como rector tras la dictadura de Primo de Rivera. Pues eso, decíamos ayer...

En el año 2000 comenzaba mi andanza como colaborador de tema taurino en diversos medios. Aquel primero que me sirvió de escaparate al mundo fue El periódico de Alicante, una aventura fugaz (no llegó a los dos años) pero muy intensa que me facilitó aprendizajes sobre la marcha utilísimos y que me acercó a personas que resultaron cruciales en mi vida, tanto a nivel personal como profesional. Llegó también la radio, colaborando con Vicente Hipólito y José María Jericó en el programa El mundo de los toros de Radio Alicante. En 2001 llegó mi gran aventura, el diario Información, donde firmaría noticias, entrevistas, reportajes, crónicas y artículos de opinión hasta 2023. También se mezclaron colaboraciones de radio con Pedro J. Cáceres y algún otro medio (también de internet). Pero en Información estuvo mi cátedra taurina informativa. A él accedí gracias a mi trabajo y a mi quehacer previo, y supuso para mí llegar donde jamás pensé que podía llegar. Intenté siempre poner todo de mi parte por cumplir expectativas, mejorar constantemente, aprender día a día y sentirme plenamente en cada línea que escribiera. Estar compartiendo espacio con Miguel Lizón durante tantos años resultó un auténtico reto. Y pude cumplir. Además, extendí la labor en papel a internet con la publicación de un blog, precisamente el que recupero aquí, denominado La Andanada, la misma cabecera que llevaban mis artículos de opinión en el diario en papel. El paso de los años y mi despiste llevaron a que aquellos textos en línea se perdieran casi todos. Alguno guardo y recuperaré por aquí a modo de anécdota o para tomar perspectiva

Del final de tan preciosa e intensa aventura hablaré en otra (u otras) entradas, porque se juntaron muchas cosas feas que manchan la brillantez de la tauromaquia, aunque nunca emborronarán lo feliz que me sentí durante tantos años escribiendo de toros y siendo leído por miles de alicantinos. Recibí elogios, críticas y correcciones, todas ellas siembre bien recibidas. Y mis principios engendraron mi final. Me explico: la independencia y la integridad de criterio resultaron cruciales para que algunos "personajillos" se empeñaran en sacarme de la tribuna de la que disfrutaba. En roman paladino, yo era una mosca cojonera, no podían comprar mi apoyo incondicional ni mediatizar mis escritos. Y los intereses crean odios y envidias malsanas. Si a ello le sumamos un traidor y un vendido al mando de la nave, y tras algún intento fallido, la salida para alguien a quien solo le avalaba su trabajo estaba servida.

Y ahora, como he dicho, recupero aquella aventura internauta. Algunos buenos amigos me lo han pedido en varias ocasiones, pero no les hice caso. Creo que ahora llega el momento. El 14 de febrero se cumplirá un año del fallecimiento de mi padre, Pepe Villar. Que yo escribiera en Información sé que le llenó de orgullo y colmó quizá más todavía sus sueños que los míos. Y creo que por él he sentido el impulso de volver a escribir de toros. Desde la misma libertad e independencia de siempre, como él me enseñó. Y ahora sin ninguna atadura de tiempo ni de espacio. Y recuperando el género del artículo de opinión a la antigua usanza a través de una tecnología de ahora, aunque no tan moderna. Esto de los blogs ya está démodé, y como siempre he ido un poco contracorriente, ahora me apetece volver por aquí.

No me planteo ningún objetivo más allá de publicar lo que me apetezca, con la asiduidad que me venga en gana y de la manera que mejor me parezca en cada momento. Iré y vendré, apareceré y desapareceré cual Guadiana libre, y mi libertad estará siempre por delante. "En mi hambre mando yo", que diría el campesino de la historieta de Salvador de Madariaga.

Sean bienvenidos cuantos decidan invertir su tiempo en leerme. Intentaré no defraudar, aunque sé que no siempre será así.




 

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